TERCERA PARTE
DE LOS SACRAMENTOS DE LA IGLESIA
227. Con solo nuestras fuerzas no podemos creer y practicar lo que es necesario para salvarnos, sino que necesitamos la gracia divina.
228. La gracia divina es de dos clases: gracia habitual o santificante, y gracia actual o auxiliante.
229. La gracia santificante es un don divino, que hace al hombre hijo de Dios y heredero del cielo.
Más brevemente, se puede decir que la gracia santificante es la amistad con Dios.
Nada hay más precioso que la gracia santificante.
Tener la gracia santificante, es tener al mismo Dios por amigo y padre, y estar unidos con Él.
Recibimos por primera vez la gracia santificante en el Santo Bautismo.
230. La gracia santificante se pierde únicamente por el pecado mortal.
231. La gracia santificante perdida por el pecado mortal se recobra: 1º) por el santo sacramento de la Penitencia dignamente recibido; 2º) por un acto de contrición perfecta, con el propósito de confesarse cuanto antes.
El que ha perdido la gracia de Dios, no debe vivir tranquilo, porque en cualquier momento puede morir y condenarse. Debe, pues, recobrar cuanto antes, la gracia perdida.
La vida presente es el camino de la eternidad.
La eternidad, para nosotros, será el cielo o el infierno.
Sigue el camino del cielo el que vive en gracia de Dios.
Sigue el camino del infierno el que vive en pecado mortal.
Cada uno va al lugar a que lo conduce el camino que sigue.
Si queremos ir al cielo, debemos seguir el camino del cielo.
Querer ir al cielo y seguir el camino del infierno, es simplemente una necedad.
En esta necedad incurren, desgraciadamente, muchas personas.
La felicidad más grande que podemos tener en este mundo, es vivir y morir en gracia de Dios.
El medio más seguro para vivir y morir en gracia de Dios, es confesar y comulgar con mucha frecuencia y devoción.
[Jesucristo, en los Mensajes de Nuestra Sra. de las Rosas (www.tldm.org/Spanish/messages/messages.htm) nos mandó confesión frecuente y comunión diaria]
La desgracia más grande es vivir y morir en pecado mortal.
Luego, todo nuestro empeño debe ser vivir y morir en gracia de Dios.
Conviene mucho comulgar diariamente, o a lo menos una vez por semana.
Nunca es demasiado lo que se hace para asegurar la salvación del alma.
[Es importantísimo hacer la Comunión de los nueve primeros viernes de mes seguidos en honor al Sagrado Corazón, leer las Promesas del Sagrado Corazón a los que tengan Su imagen honrada en sus casas. También es importantísimo hacer la Comunión reparadora de los 5 primeros sábados, donde Nuestra Sra. de Fátima pidió que meditemos 15 min. los misterios del Santo Rosario con el fin de desagraviarla, recemos un rosario, y confesemos y comulguemos poniendo esa intención (desagraviar Su Inmaculado corazón). En cada una de esas devociones se nos promete la salvación. Una vez que las hayamos hecho por nosotros, hagámoslas por nuestros seres queridos.]
La salvación del alma es el asunto más importante que tenemos.
232. La gracia santificante se aumenta: 1º) por los santos sacramentos dignamente recibidos; 2º) por toda obra buena practicada en estado de gracia.
La gracia santificante es de dos maneras: primera y segunda.
Gracia primera es cuando el que tiene el pecado mortal o el original, recibe la gracia santificante por medio del Sacramento del Bautismo o de la Penitencia.
Gracia segunda es el aumento de gracia en el que ya la tiene.
Los Sacramentos instituidos para dar la gracia primera son el Bautismo y la Penitencia.
Por esto se llaman Sacramentos de muertos, porque dan la vida de la gracia a las almas muertas por el pecado.
Los otros cinco Sacramentos se llaman de vivos, porque deben recibirse en gracia de Dios.
Quien recibe un Sacramento de vivos, sabiendo que no está en gracia de Dios, comete un grave sacrilegio.
Gracia Sacramental, es el derecho a las gracias especiales, para conseguir el fin propio de cada Sacramento.
Los Sacramentos dan siempre gracia a quien los recibe con las debidas disposiciones.
Jesucristo es quien ha dado a los Sacramentos la virtud de conferir la gracia.
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Gracia actual
233. La gracia actual o auxiliante es un don sobrenatural, por el cual el Espíritu Santo ilumina nuestro entendimiento y mueve nuestra voluntad para evitar el mal y obrar el bien.
234. Necesitamos gracias actuales para principiar, continuar o concluir cualquier obra conducente a la vida eterna.
La gracia actual es cierto auxilio y disposición con que Dios nos prepara para recibir o aumentar la gracia santificante.
Dios concede a todos los hombres la gracia suficiente para salvarse.
El que no se salva, es porque ha resistido a la gracia.
La gracia no obliga a la voluntad; solo la ayuda a obrar el bien, dejándola en completa libertad.
Debemos, pues, cooperar a la gracia y no resistir a ella.
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LOS SACRAMENTOS DE LA IGLESIA
Los Sacramentos de la Iglesia son siete: los cinco primeros es necesario recibirlos de hecho o de deseo, pues si se dejan por menosprecio, no es posible salvarse; los otros dos son de voluntad, porque todos los cristianos no están obligados a recibirlos.
235. Los Sacramentos de la Iglesia son siete: Bautismo, Confirmación, Eucaristía, Penitencia, Extremaunción, Orden Sagrado, y Matrimonio.
236. Los Sacramentos son signos sensibles y eficaces de la gracia, instituidos por Nuestro Señor Jesucristo para santificarnos.
Los Sacramentos, por medio de cosas sensibles, significan y producen la gracia divina en nuestras almas.
Por ejemplo: en el Bautismo, el agua lave el cuerpo; esto significa la limpieza de toda mancha de pecado, que al mismo tiempo la gracia divina produce en el alma.
Con los siete Sacramentos, Dios provee a la vida espiritual por el mismo orden con que provee a la natural.
Para la vida natural, son necesarias siete cosas, a saber: nacer, crecer, alimentarse, recobrar la salud perdida, reparar las fuerzas consumidas por la enfermedad, superiores que gobiernen y padres que conserven el género humano.
Así, para la vida espiritual:
Por el Bautismo se nace.
La Confirmación hace crecer y fortifica.
La Penitencia cura las enfermedades espirituales.
La Eucaristía alimenta.
La Extremaunción quita los residuos de los pecados.
El Orden perpetúa la sucesión de los ministros de la Iglesia
Y el Matrimonio proporciona hijos espirituales.
Los Sacramentos más necesarios son el Bautismo y la Penitencia.
El Bautismo (de hecho o, a lo menos, de deseo) es necesario a todos.
La Penitencia (de hecho o de deseo) es necesaria a todos los que han cometido pecado mortal después del Bautismo.
Por la dignidad, el más grande de los Sacramentos es el de la Eucaristía, porque contiene al mismo Señor Jesucristo, autor de la gracia y de los Sacramentos.
Para un Sacramento se requiere materia, forma y ministro, que tenga la intención de hacer lo que hace la Iglesia.
Materia, es la cosa sensible que se emplea para el Sacramento, como el agua en el Bautismo.
Forma, son las palabras que se profieren para hacer el Sacramento.
Ministro, es la persona que hace o confiere el Sacramento.
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Sacramentos que imprimen carácter
237. Los Sacramentos que pueden recibirse una sola vez, porque imprimen carácter, son tres: el Bautismo, la Confirmación y el Orden Sagrado.
238. El carácter es una señal espiritual que jamás se borra.
El Bautismo imprime el carácter de Cristiano; la Confirmación, el de Soldado de Jesucristo, y el Orden Sagrado, el de Ministro de Jesucristo.