282. La Eucaristía es a la vez sacramento y sacrificio.
283. Sacrificio es un don visible, que se ofrece a Dios, para reconocerle y adorarle como supremo Señor y Dueño nuestro.
Sacrificio es ofrecer a Dios una cosa sensible, y destruirla de alguna manera en reconocimiento de su supremo dominio sobre todas las cosas.
Solamente a Dios pueden ofrecerse sacrificios.
Desde el principio del mundo hubo sacrificios.
Los sacrificios de la Ley Antigua eran figura del sacrificio que Jesucristo ofreció muriendo en la Cruz.
En la Ley Nueva, la Santa Misa es el sacrificio perpetuo, que representa el de la Cruz y nos aplica sus méritos.
284. La Santa Misa es el sacrificio del cuerpo y sangre de Nuestro Señor Jesucristo ofrecido en nuestros altares, en memoria del sacrificio de la Cruz.
285. El sacrificio de la Misa es el mismo sacrificio de la Cruz, porque en él se ofrece y sacrifica el mismo Jesucristo, aunque de modo incruento, es decir, sin padecer ni morir como en la Cruz.
La Misa, en su esencia es el mismo sacrificio de la Cruz.
La diferencia está solo en el modo de ofrecerse y en el fin por que se ofreció.
En el modo. En la Cruz, Jesús se ofreció con derramamiento de sangre.
En la Misa, Jesús se ofrece sin derramamiento de sangre; pero este derramamiento se representa místicamente, en cuanto, por virtud de las palabras de la consagración, en la Hostia está el Cuerpo y en el Cáliz está la Sangre de Jesucristo.
[Quede claro: Es Jesús, es Su Cuerpo y es Su Sangre, realmente. Pero el derramamiento de Su Sangre es lo que se representa místicamente]
En el fin. En el sacrificio de la Cruz, Jesús satisfizo por los pecados de todo el mundo, y nos mereció las gracias para salvarnos.
Estos merecimientos y satisfacción nos los aplica Jesús por los medios que Él ha instituido en la Iglesia, de los cuales el principal es el Santo Sacrificio de la Misa.
El primero y principal oferente de la Misa es el mismo Señor Jesucristo; el sacerdote es el ministro que, en Nombre de Jesucristo, ofrece el sacrificio al Eterno Padre.
Aunque en la Misa Jesús se vale del sacerdote, Él es siempre el principal oferente: como quien da limosna por manos de otro, él es propiamente el que da limosna y no aquel de quien se vale.
Jesucristo instituyó la Santa Misa, cuando en la última Cena consagró el pan y el vino, y mandó a los Apóstoles que hiciesen lo mismo en memoria de Él.
286. El sacrificio de la Misa lo ofrecemos solo a Dios, aunque también honramos en él la memoria de la Santísima Virgen y de los Santos.
La Santa Misa, porque es sacrificio, se ofrece solamente a Dios.
Se dice que se celebra la Misa en honor de la Santísima Virgen o de los Santos, para agradecer a Dios las mercedes que les hizo, y alcanzar por su intercesión más copiosamente las gracias que necesitamos. -- Fines de la Santa Misa
287. Ofrecemos a Dios la Santa Misa por cuatro fines: 1º en adoración y alabanza de su Divina Majestad; 2º en acción de gracias por sus beneficios; 3º en expiación de nuestros pecados y en sufragio de las almas del purgatorio, y, 4º para impetrar su auxilio en nuestras necesidades.
Los fines de la Santa Misa son: 1º Adorar y honrar a Dios, tanto cuanto merece su divina grandeza. 2º Aplacar a Dios, tanto cuanto exige su infinita justicia, satisfacer por nuestros pecados y ofrecerle sufragios para las almas del purgatorio. 3º Dar, gracias a Dios por los inmensos beneficios que nos concede. 4º Alcanzar de Dios todas las gracias que necesitamos.
Debemos honrar a Dios tanto cuanto merece su infinita grandeza. Aunque todos los seres creados nos convirtiéramos en lenguas para alabar a Dios, y nos consumiéramos por su amor como se consumen los cirios que arden en los altares, no le daríamos el honor infinito, y la pura criatura solo puede darle un honor limitado.
En la Santa Misa tributamos a Dios un honor infinito, porque se lo tributa N. S. Jesucristo en nombre nuestro. Debemos aplacar a Dios tanto cuanto exige su infinita justicia.
La malicia de un solo pecado mortal es tan grande, que aunque se derramaran por él más lágrimas de arrepentimiento que gotas de agua contiene el mar, no se daría a Dios la satisfacción debida; pues la ofensa es infinita.
En la Santa Misa N. S. Jesucristo mismo pide perdón por nuestros pecados y da satisfacción infinita a la infinita justicia de Dios.
Debemos dar gracias a Dios por los inmensos beneficios que nos hace.
Pero nuestra pequeñez es incapaz de agradecer debidamente ni el más pequeño de los beneficios que Dios nos dispensa.
En la Santa Misa N. S. Jesucristo los agradece infinitamente en nombre nuestro. Debemos alcanzar de Dios todas las gracias que necesitamos. De Dios viene todo bien, toda gracia para el cuerpo y para el alma, para el tiempo y para la eternidad.
Pero, por ser miserables pecadores, más bien merecemos castigos que gracias.
En la Santa Misa, N. S. Jesucristo pide por nosotros y nos alcanza todo lo que necesitamos. -- Fruto de la Santa Misa y obligación de oírla
El fruto de la Misa es general, especial y especialísimo.
El fruto general es para toda la Iglesia.
El especial es para los vivos o difuntos a favor de quienes se aplica la Misa y para los que asisten a ella.
El especialísimo es para el sacerdote que celebra la Misa. Nada hay más santo, nada que dé más gloria a Dios, que el Santo Sacrificio de la Misa.
Una sola Misa da más gloria a Dios que todos los méritos juntos de la Santísima Virgen y de los Santos.
¡Ah! Si los cristianos conocieran lo que vale una Misa, no solo no faltarían jamás a ella en los días festivos, sino que harían todo lo posible para asistir todos los días.
Hay obligación de oír Misa todos los domingos y fiestas de guardar. Es muy conveniente, muy saludable y muy provechoso oír Misa todos los días.
El acto que más agrada a Dios y que más aprovecha a nuestra alma es la Santa Misa acompañada de la Comunión.
Oír Misa cada día no es perder tiempo, sino aprovecharlo muy diligentemente.
San Isidro labrador oía diariamente la Santa Misa, y mientras él oía Misa un ángel guiaba los bueyes que araban.
Muchas veces falta, no el tiempo para oír Misa cada día, sino la voluntad de querer hacerlo resueltamente.
¡Cuántas personas podrían oír Misa diariamente, haciendo el pequeño sacrificio de levantarse más temprano!
La pereza les roba un tesoro preciosísimo. -- Modo de oír la Santa Misa
Para oír bien la Santa Misa son necesarias la modestia en el exterior de la persona y la devoción del corazón.
Conviene estar de rodillas durante toda la Misa, excepto en los Evangelios, en que se debe estar de pie.
Manifiestan no tener ninguna educación religiosa las personas que no se arrodillan ni siquiera en el solemne acto de la Consagración y en la Comunión, a no ser que alguna enfermedad les impida estar de rodillas. -- Varias maneras de oír devotamente la Santa Misa
1º Unir desde el principio nuestra intención con la del sacerdote, ofreciendo a Dios el Santo Sacrificio pro los fines para que fue instituido. 2º Acompañar al sacerdote en todas las oraciones y acciones del sacrificio. 3º Meditar la pasión y muerte de Jesucristo, y aborrecer de todo corazón los pecados que fueron causa de ellas. 4º Hacer la Comunión sacramental, o a lo menos espiritual, cuando el sacerdote comulga. 5º Rezar el Rosario u otras preces. [Hace pocos años mientras esperaba a que termine una Misa para escuchar otra completa, me puse a rezar el rosario lejos de la gente, pero un sacerdote me dijo que mientras se celebra la Misa no se reza el Rosario. Y tiene razón, ya que la Misa es tan importante, que aunque hayamos llegado 15 minutos antes de que termine, debemos oírla con reverencia]
Para oír la Santa Misa, es de mucha utilidad un libro devocionario. [Jesucristo nos dice en los Mensajes de Nuestra Señora de las Rosas que quiere que vuelva la Misa en latín, y Nuestra Señora quiere que vuelvan los libritos que tienen las oraciones en latín y al lado la traducción a nuestro idioma.]
Es cosa muy buena rogar también por otros mientras se asiste a la Santa Misa, pues es el tiempo más oportuno para rogar a Dios por los vivos y difuntos. 288. Las partes principales de la Misa son tres: el Ofertorio, la Consagración y la Comunión del sacerdote.