06 Oct


CONFESIÓN – Modo de confesarse 
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Modo práctico de confesarse


El penitente, puesto de rodillas, dice: Bendecidme Padre; he pecado. Hace la señal de la Cruz y luego:
Yo, pecador, me confieso a Dios Todopoderoso, a la Bienaventurada siempre Virgen María, a todos los Santos y a vos, Padre, porque he pecado.


Me confesé en tal tiempo, por la gracia de Dios recibí la absolución, cumplí la penitencia y fui a comulgar; y se acusa de los pecados.

Terminada la acusación de los pecados cometidos desde la última confesión, o antes, si alguno hubiera sido olvidado, el penitente dice: Me acuso, además, de todos los pecados de la vida pasada, especialmente contra tal mandamiento o virtud; por ejemplo; contra el cuarto mandamiento o contra la pureza, etc.


De todos estos pecados y de los demás que no recuerdo, pido perdón a Dios, de todo corazón, y a Vos, Padre mío espiritual, la penitencia y la absolución.
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Otro modo práctico de confesarse, más breve


El penitente, arrodillado, reza el Yo pecador *, antes que el confesor atienda, para no hacerle perder tiempo.


Cuando el confesor atiende, el penitente empieza la confesión, haciendo la señal de la santa cruz, y dice:
Ave María purísima.-Sin pecado concebida.
Hace tanto tiempo que me confesé.


Manifiesta los pecados cometidos, y termina diciendo:
Y me acuso de los pecados cometidos en toda mi vida, especialmente contra el …. Mandamiento de la ley de Dios, o contra la virtud…
Me pesa de haber ofendido a Dios, infinitamente bueno y propongo nunca más pecar.


Si no se recuerda el tiempo fijo en que se hizo la última confesión, se dice, poco más o menos, el que parezca más aproximado.


Conviene, ordinariamente, que las personas mayores manifiesten su estado y edad.


Para recordar mejor los pecados en la confesión, ayuda mucho seguir mentalmente el orden de los mandamientos.


Procure el penitente decirlo todo, sin necesidad de que el confesor le pregunte; si no sabe confesarse, pida al confesor que le haga las preguntas.
Manifiéstense al confesor las dudas que se tengan sobre la moralidad de algún acto, y pídanse los consejos que se necesiten.


El confesor da sus consejos, que deben ser escuchados con mucha atención, e impone la penitencia.


Mientras el sacerdote de la absolución, se reza el Acto de contrición **
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La absolución


Los confesores deben dar la absolución solamente a aquellos que juzguen bien dispuestos para recibirla.


Los confesores no solo pueden, sino que deben diferir o negar la absolución en ciertos casos, para no profanar el Sacramento.


Se debe negar la absolución a los que no quieran cumplir con alguna obligación grave.


A veces, conviene diferir la absolución a los que, si bien parece que están arrepentidos, no se enmiendan nada y vuelven enseguida a cometer los mismos pecados.


El pecador a quien se difiere o niega la absolución, no debe desesperarse, ni retirarse de la confesión; sino que debe humillarse, reconocer su deplorable estado, y aprovecharse de los buenos consejos que le dé el confesor, para de esta suerte ponerse, lo ás pronto posible, en estado de merecer la absolución.
Es cosa muy buena decir alguna oración especial por el confesor.


El oficio de confesor es muy difícil y de mucha responsabilidad.


Decía San Francisco de Sales: “No son mártires solamente los que confiesan a Dios delante de los hombres, sino también son mártires los que confiesan a los hombres delante de Dios”.


Pídase a Dios la gracia de encontrar un confesor piadoso, docto y prudente, y de saber seguir siempre sus consejos.
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5º Satisfacción o penitencia


Satisfacción o penitencia es la oración u otras buenas obras que el confesor impone al penitente, en expiación de sus pecados.


La penitencia sacramental debe cumplirse en el tiempo fijado por el confesor.
Si el confesor no ha fijado tiempo, conviene cumplirla cuanto antes, para evitar el peligro de olvidarse.


No es necesario cumplirla antes de la comunión, ni el mismo día de la confesión.


El que se confiesa debe tener la voluntad de cumplir la penitencia que se le impone.


Si el penitente no sabe o no puede cumplir la penitencia que se le impone, debe manifestarlo al confesor, para que le dé otra.


Con la confesión bien hecha se perdonan siempre las culpas graves y la pena eterna; pero no siempre queda perdonada toda la pena temporal.


Esta pena temporal debe pagarse en esta vida o en el purgatorio.


Es esta vida se paga haciendo obras buenas, especialmente cumpliendo la penitencia impuesta por el confesor.


La penitencia debe ser proporcionada a los pecados.


A pecados grandes, corresponde penitencia grande; a pecados pequeños, penitencia pequeña.


No obstante, algunas veces el confesor, por justos motivos, a pecados grandes impone penitencia pequeña.


La penitencia que da el confesor, ordinariamente no basta para pagar la deuda restante debida por los pecados, por lo cual ha de procurar suplirla con otras penitencias voluntarias.


Aunque nos hayamos confesado bien y cumplido la penitencia, no hemos de olvidarnos de hacer muchas obras buenas, en satisfacción de los pecados cometidos.


Si nos olvidáramos, nos expondríamos a estar mucho tiempo en el purgatorio.
Cuando más perfecta es la contrición, tanta más pena temporal se perdona.


La penitencia, si es proporcionada a los pecados, perdona toda la pena temporal; si no es proporcionada, no.


Por esta causa los cristianos bien instruidos desean que el confesor les imponga mucha penitencia, con tal que la puedan cumplir.


Un gran medio para satisfacer por los pecados propios y librar a las benditas ánimas del purgatorio es ser muy diligentes en ganar indulgencias.


* Yo pecador
Yo pecador me confieso a Dios Todopoderoso, a la  bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos y a vos Padre, que pequé gravemente, con el pensamiento, palabra y obra, por mi culpa, por mi culpa, pro mi grandísima culpa. 
Por tanto, ruego a la bienaventurada siempre Virgen María, al bienaventurado San Miguel Arcángel, al bienaventurado San Juan Bautista, a los Santos Apóstoles San Pedro y San Pablo, a todos los Santos, y a vos, Padre, que roguéis por mí a Dios, nuestro Señor. Amén.

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** Acto de contrición
¡Jesús, mi Señor y Redentor! Yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos ofendí a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar y confío en que por tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén.

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