Después lo editaré (negrita, itálica)
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QUINTO SACRAMENTO: EXTREMAUNCIÓN
316. La Extremaunción es un sacramento que se administra a los enfermos de cierta gravedad para mayor bien de su alma, y para dar la salud al cuerpo, si así conviene a la salud del alma.
Pueden y deben recibir la Extremaunción solo los fieles que han llegado al uso de razón y están enfermos en peligro de muerte.
El ministro de la Extremaunción es el Párroco, u otro sacerdote que tenga permiso.
En caso de necesidad, esto es, cuando no hay tiempo para llamar al Párroco o a otro sacerdote autorizado, todo sacerdote puede y debe administrar la Santa Unción.
Este Sacramento se puede recibir una sola vez en la misma enfermedad, a no ser que el enfermo, después de haber recibido la Santa Unción, hubiese convalecido y cayese de nuevo en otro peligro de muerte.
El sacerdote administra la Extremaunción, ungiendo en forma de cruz, con óleo bendecido por el Obispo, los órganos de los sentidos del enfermo, diciendo:
“Por esta santa unción y por su piadosísima misericordia, te perdone el Señor todo pecado cometido con la vista… con el oído… Amén.”
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Efectos de la Extremaunción
El que está enfermo en peligro de muerte necesita:
1º Tener el alma muy purificada, por si acaso el Señor lo llama a la otra vida.
2º Mucha penitencia para sufrir las molestias de la enfermedad.
3º Gracia especial para resistir al demonio, quien, al ver que el tiempo se acaba, redobla, en cuanto está de su parte, las tentaciones.
4º La salud del cuerpo, si ha de ser para bien del alma.
La Extremaunción remedia todas estas necesidades, pues tiene los siguientes efectos:
1º Purifica el alma.
Borra los pecados veniales, y aun los mortales, si el enfermo está arrepentido y no los puede confesar.
Quita también las reliquias de los pecados . [Reliquia en el sentido de: f. Residuo que queda de un todo, según la RAE]
Reliquias de los pecados es la debilidad o falta de fuerza para el bien, que estos, aun después de perdonados, dejan en el alma, del mismo modo que las enfermedades corporales dejan debilidad en el cuerpo.
2º Da paciencia para sufrir las molestias de la enfermedad.
3º Da gracia para vencer las tentaciones del demonio.
4º Da salud al cuerpo, si conviene al alma.
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Cuándo y con qué disposiciones se debe recibir
317. El enfermo debe recibir el Sacramento de la Extremaunción cuando su estado es grave, procurando hacerlo en uso de sus sentidos.
No se debe esperar para la Extremaunción cuando el enfermo ha perdido el conocimiento.
Recibiendo el Sacramento conocimiento, el enfermo podrá estar mejor dispuesto, y sacar más fruto.
Además, este sacramento da la salud al cuerpo, si conviene al alma, ayudando a las fuerzas de la naturaleza; por lo cual no debe esperar a recibirlo el enfermo cuando se halla cercano a la muerte.
318. El enfermo que se encuentra en pecado mortal, para recibir dignamente el sacramento de la Extremaunción debe confesarse, y no siéndole posible, ha de hacer un acto de contrición.
Las principales disposiciones para recibir la Extremaunción son: estar en gracia de Dios, confiar en la virtud del Sacramento y de la divina misericordia, y resignarse a la voluntad de Dios.
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Llamar al sacerdote para los enfermos
El enfermo debe recibir con gusto, y aun pedir por sí mismo, si puede, los auxilios de la religión.
A la vista del sacerdote, ha de tener sentimiento de gratitud para con Dios, por habérselo enviado.
De recibir o no recibir los Santos Sacramentos depende, muchas veces, que un alma vaya para siempre al cielo o al infierno.
Es, pues, una obra de caridad muy grande procurar que los enfermos reciban los Santos Sacramentos.
Los parientes, amigos o vecinos son los que deben practicar dicha obra de caridad.
No se debe esperar a lo último, cuando el enfermo está muy grave o no tiene conocimiento.
Cuando la enfermedad reviste gravedad, hay que avisar al propio párroco; este u otro sacerdote visitará al enfermo, y con delicadeza y prudencia lo preparará para recibir los Santos Sacramentos.
Así el enfermo cumplirá fácil y gustosamente esta grave obligación.
No se tema espantar al enfermo; los Santos Sacramentos, en vez de empeorar al enfermo, le darán la salud del alma y aun la del cuerpo, si fuese conveniente al alma.
Para conseguir que el enfermo arregle los asuntos referentes a los bienes de la tierra, no se tiene miedo de insinuárselo, y aun de decírselo claramente, si es necesario.
Más necesario es insinuar y aun decir claramente al enfermo que arregle los asuntos del alma.
¡Qué cosa horrorosa es morir sin haberse reconciliado con Dios!
¡Qué remordimientos más grandes tendrán aquellas personas que, por su culpa, han dejado morir a alguien sin Sacramentos!
¡Qué dulce es morir confortado con los Santos Sacramentos! ¡Qué consuelo tan grande es para los parientes y amigos, pues les da una gran confianza de que la persona fallecida goza o gozará muy pronto de las delicias inefables de la gloria celestial!
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En peligro de muerte, si no se puede obtener un confesor…
El que se halla en peligro de muerte y no puede obtener un confesor, haga un acto de contrición perfecta, con el propósito de confesarse si tiene pecados mortales; así ya consigue el perdón de ellos, aun antes de confesarlos.
[Oí a un sacerdote predicando esto en una misa por internet hace años, y a otro en un video diciendo que sólo la confesión sacramental perdona los pecados. Pero la Iglesia hace ciertas concesiones si se quiere recibir un Sacramento y se está a punto de morir y es imposible que llegue un sacerdote a tiempo, por ejemplo: Nuestra Sra. de las Rosas nos dice que sólo el sacerdote puede llevar la Eucaristía a los enfermos. Pero si él está enfermo también, puede llevarla un seminarista que esté en el último año de sus estudios para sacerdote, y si tampoco se halla él, Y LA PERSONA ESTÁ A PUNTO DE MORIR, puede sólo en ese caso, el diácono (hombre xy) llevarla como excepción.]
Récese el acto de contrición con la mayor devoción posible.
Bueno será decir y repetir varias veces: Dios mío, os amo sobre todas las cosas y me pesa de todo corazón de haberos ofendido.
[Es parte de la Tradición de la Iglesia el encomendarse a Santa Bárbara, ser devotos de ella, para que en el último momento de nuestra vida, venga con un Sacerdote del Cielo y él nos de la Confesión y Extremaunción. Lean su biografía, récenle y pídanle eso cada día.]