[CORREGIDO DOS DÍAS DESPUÉS DE PUBLICARLO, varias veces]
SACRAMENTO: ORDEN SAGRADO
319. El Orden Sagrado es un sacramento que da la potestad de ejercitar los sagrados ministerios, e imprime en el alma del que lo recibe el carácter de ministro de Dios.
320. La potestad sacerdotal consiste principalmente en poder celebrar el Santo Sacrificio de la Misa y en perdonar los pecados.
El Orden imprime carácter de ministro de Jesucristo.
Sólo los varones pueden recibir este sacramento.
El ministro del Orden es el Obispo, el cual da el Espíritu Santo y la sagrada potestad, con la imposición de las manos y entrega de los objetos sagrados, propios del Orden, diciendo las palabras de la forma prescrita.
Se llama orden, porque consiste en varios grados, de los cuales resulta la Sagrada jerarquía.
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Sagrada Jerarquía
La Tonsura no es Orden, sino una preparación para el Orden.
Hay siete Órdenes: cuatro menores y tres mayores.
Las cuatro menores son: Ostiariado, Lectorado, Exorcistado y Acolitado.
[Eso era antes, este libro se imprimió en 1964, tiene el nihil obstat en 1961. En 1972 las órdenes mayores y menores fueron modificadas, para peor, el 15 de Agosto de ese año, pero yo supongo que no lo hizo Paulo VI, sino el doble que lo impersonaba.
Copio unos párrafos de los Mensajes de Nuestra Sra. de las Rosas (recuerden que los Mensajes deben ser leídos enteros)
Mensajes: www.tldm.org/Spanish/messages/messages.htm
Directrices del Cielo (resúmenes por tema): www.tldm.org/Spanish/directives/directives.htm
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"Hay una formación dentro de Mi Casa que Yo llamo y marco como los hombres malos de la cruz...Ellos han entrado para destruir. Ellos han alcanzado y logrado el liderazgo más alto en Mi Casa sobre la tierra. Ellos me están recrucificando en Mi Casa. Vuestro Vicario es un prisionero dentro de Mi Casa."
- Jesús, 22 de noviembre 1972
TIRANDO PIEDRAS
Veo al Papa Paulo. Él está sentado en un cuarto muy grande. Hay un escritorio. Pero él no se ve bien. Se ve muy enfermo. Parece que no puede mantener los ojos abiertos. Su cabeza se cae hacia la derecha. Y luego se endereza, y se cae hacia la izquierda. Ahora se inclina sobre la mesa. Hay gritos afuera. Y personas gritan, y tiran piedras, y tratan de abrir la puerta. Y ahora gritan.
Y el Papa Paulo - ahora lo pisotean, y él está arrodillado a la par de la estatua de Nuestra Señora. Él le reza a Nuestra Señora, y llora, lágrimas rodean por su rostro...
¡Oh! ¡Oh! Y afuera de la puerta hay cardenales, cinco cardenales, ellos esconden cuchillos detrás de sus espaldas...Y del lado derecho, mirando por la otra ventana, veo a un grupo de obispos. Hay dos, tres, cuatro, cinco - hay quince o dieciséis obispos. Ellos, también, esconden cuchillos detrás de sus espaldas.
- Verónica, 25 de julio 1972]
Las Órdenes mayores son: Subdiaconado, Diaconado y Presbiteriado.
Sagrado ministerio que puede ejercer cada uno de los ministros, por razón del Orden:
El Ostiario: abrir y cerrar la puerta de la iglesia, admitir a los dignos y rechazar a los indignos.
El Lector: leer los Salmos y Lecciones desde el púlpito, en la iglesia, e instruir al pueblo en las cosas de la fe.
El Exorcista: echar a los demonios por medio de los exorcismos instituidos por la Iglesia. Actualmente, solo el presbítero con licencia del Obispo puede exorcizar.
El Acólito: servir al Subdiácono en la Misa solemne, encender los cirios, preparar y entregar las botellitas del vino y del agua.
Subdiácono: servir al Diácono en la Misa solemne, y cantar la Epístola en rito solemne.
El Diácono: asistir inmediatamente al celebrante en la Misa solemne, cantar el Evangelio, predicar con la debida licencia, y distribuir la sagrada Comunión.
El Presbítero o Sacerdote: consagrar en la celebración de la Misa el Cuerpo y Sangre de Jesucristo, y perdonar los pecados. [Y por supuesto, administrar los otros Sacramentos que le permite su estado]
El Episcopado no es Orden distinto del sacerdocio, sino su plenitud o complemento.
El Obispo tiene la potestad de confirmar, conferir Órdenes, enseñar y gobernar a los fieles.
La Consagración Papal no es Orden.
El Papa es el Obispo de Roma, quien, por razón del Primado, goza de la autoridad suprema sobre todos los fieles, aun sobre los Obispos.
Jesucristo mismo instituyó el Episcopado y el Sacerdocio simple, y por medio de los Apóstoles, el Diaconado, del que se derivan las demás Órdenes inferiores.
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Obligaciones generales de los clérigos de Órdenes mayores
Los que han recibido Órdenes mayores están obligados a guardar castidad perfecta, a rezar diariamente el oficio divino y a permanecer en el estado eclesiástico toda su vida.
Jesús alabó la castidad, diciendo: que es un don del cielo concedido a las almas escogidas (San Mateo, XIX, 11).
San Pablo, en la Epístola 1º a los Corintios (c. VII, v 32 y 33), dice:
“El que no tiene mujer, está cuidadoso de las cosas que son del Señor, de cómo ha de agradar a Dios.
“Mas el que está con mujer, está afanado en las cosas del mundo, y de cómo ha de dar gusto a su mujer, y anda dividido”
Por esto, la Santa Iglesia, regida y gobernada por el Espíritu Santo, obliga a los clérigos de Órdenes mayores a guardar el celibato, para que estén más libres y puedan atender mejor las cosas de Dios y a la salvación de las almas.
Las obligaciones de los clérigos no son una carga pesada, pues Dios, con su gracia la hace ligera.
El estado eclesiástico se abraza voluntariamente, no por fuerza; las Órdenes mayores se pueden recibir solo en la edad en que uno es capaz de conocer bien y aceptar libremente las obligaciones anexas a las Órdenes.
Quien, después de haber recibido las Órdenes mayores, abandona el estado eclesiástico, es un apóstata, o sea, un vil desertor de la religión.
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Necesidad del sacerdocio cristiano
No hubo jamás sociedad alguna religiosa sin sacerdotes, esto es, sin personas que tuviesen el cargo especial de ordenar todo lo relativo al honor y culto de la divinidad.
Nuestro Señor Jesucristo constituyó a la Iglesia sociedad perfecta; por consiguiente, debe haber en ella quien mande y quien obedezca.
Antes que Jesús subiera a los cielos encargó a los Apóstoles la continuación de su obra, les transmitió el sacerdocio y la facultad de comunicarlo a otros, para perpetuarlo hasta el fin del mundo.
El sacerdocio se perpetúa por medio del Orden.
El sacerdocio es necesario en la Iglesia, para que haya el santo sacrificio de la Misa, para la administración de los sacramentos y para la enseñanza de la religión.
El sacerdocio católico, no obstante la guerra que contra él mueve el infierno, durará hasta el fin de los siglos; porque Jesucristo ha prometido que las potestades del infierno no prevalecerán jamás contra Su Iglesia.
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Dignidad del sacerdocio y respeto que se le debe
La dignidad del sacerdocio cristiano es muy grande, porque su misión es continuar sobre la tierra la obra de Nuestro Señor Jesucristo.
El sacerdote es un representante de Jesucristo.
Grande es, pues, el respeto que debe tenerse al sacerdote.
El primero que debe respetar al sacerdote es el mismo sacerdote, no haciendo jamás cosa alguna indigna de quien está investido de tan grande dignidad.
Decía Jesús a sus Apóstoles, y en la persona de ellos a todos los sacerdotes:
“Vosotros sois la sal de la tierra; sois luz del mundo", etcétera.
Todos los cristianos deben ver en el sacerdote, no a un hombre como los demás, sino a un representante de Jesucristo y como tal respetarlo.
Hay sacerdotes indignos, es cierto; entre los doce Apóstoles hubo un Judas; no es extraño que entre tantos millares de sacerdotes se encuentren algunos imitadores de aquel traidor.
Los ángeles pecaron en el cielo, Adán y Eva en el Paraíso terrenal; también puede suceder que algunos sacerdotes cometan pecados, y aun grandes pecados.
Pero, aun cuando haya sacerdotes malos, no es razonable dejar, por esta causa, de creer o practicar la santa religión.
El sacerdote no es la religión; el sacerdote es un hombre, y, como tal, está sujeto a miserias, cambios: el que hoy es bueno, mañana puede ser malo o viceversa.
Nuestra fe debe estar puesta, no en el hombre, sino en Dios, quien nunca varía, siempre es el mismo; así debe ser nuestra fe, firme, inquebrantable, sin fijarnos en lo que hacen o dicen los demás.
Los malos sacerdotes causan mucho mal a la religión, pues, indudablemente, el desprestigio de los sacerdotes redunda en desprestigio de la religión.
Por esta causa, los enemigos de la religión publican las faltas de los sacerdotes (con verdad, raras veces; con mentira, casi siempre); no porque aborrezcan los vicios de que los acusan, pues ellos suelen tener los mismos vicios y otros peores, sino por el odio que tienen a una religión tan pura y santa, que condena toda iniquidad.
Es pecado gravísimo el desprecio y las injurias a los sacerdotes, porque son contra el mismo Jesucristo, quien dijo a los Apóstoles: “El que a vosotros desprecia, a Mí me desprecia” (Lucas, X, 16)
Quien supiera de una falta grave de algún sacerdote, procure dar conocimiento de ella al Obispo, para que tome las medidas que crea oportunas.
[Un sacerdote dijo en una reunión grabada en internet: Si uno da con un mal doctor no abomina de la medicina, se busca otro. (Si dan con un mal sacerdote, busquen a otro). Si uno da con un mal mecánico, no manda el coche a desguace, busca otro mecánico.]
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Disposiciones para abrazar el estado eclesiástico
El fin del que abraza el estado eclesiástico ha de ser únicamente la gloria de Dios y la salvación de las almas.
Para entrar en el estado eclesiástico es necesario, ante todo, la vocación divina.
Para conocer si Dios llama a uno al estado eclesiástico es necesario:
1º Rogar fervientemente al Señor que manifieste cuál es su voluntad.
2º Tomar consejo del propio Obispo o de un director sabio y prudente. (Leer los Mensajes de Nuestra Señora de las Rosas, que le dijo a Verónica que no tenga director espiritual, que la dirige Dios Padre)
3º Examinar con diligencia si se tiene la aptitud necesaria para los estudios, ministerio y obligaciones de este estado.
Quien tomase el estado eclesiástico sin vocación divina, haría un grave mal y se expondría al peligro de la condenación.
Los padres que, por motivos temporales, inducen a sus hijos a abrazar sin vocación el estado eclesiástico, cometen una culpa gravísima, porque usurpan el derecho que Dios se ha reservado de escoger sus ministros, y ponen a sus hijos en peligro de eterna condenación.
321. Los fieles, para con los que son llamados por Dios al sacerdocio, tienen los siguientes deberes: 1º dejar plena libertad a sus hijos para seguir la vocación de Dios; 2º rogar a Dios se digne conceder a su Iglesia dignos ministros, y 3º guardar especial reverencia y respeto a los ministros de Dios.
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Las ceremonias y objetos sagrados
Las ceremonias y objetos sagrados que se usan en el culto divino, tienen su significado especial.
Es frase propia de los impíos e ignorantes: En la Iglesia hay demasiado lujo.
Para el servicio, culto y honor de Dios, hemos de emplear lo mejor.
El inocente Abel ofrecía a Dios lo mejor, el perverso Caín, lo peor.
Jesús reprendió a los que criticaban a Magdalena, porque usó una sustancia muy preciosa para honrar al mismo Divino Salvador.