SÉPTIMO SACRAMENTO: MATRIMONIO
Es de suma importancia que todos conozcan la doctrina católica sobre el matrimonio.
Del matrimonio bien hecho depende el bienestar de los individuos, de las familias y de la sociedad.
322. El matrimonio es un sacramento que da a los esposos la gracia para amarse santamente y educar cristianamente a sus hijos, estableciendo entre ellos una santa e indisoluble unión.
Dios instituyó el matrimonio al principio del mundo, cuando creó a Adán y Eva.
Luego que el Señor hubo creado a Adán dijo: “No es bueno que el hombre esté solo: hagámosle una ayuda semejante a él”.
Hizo, pues, caer a Adán en un profundo sueño, y estando así dormido, le sacó una costilla, de la cual formó a la mujer, y se la dio por consorte.
Bendíjolos Dios, diciendo: “Creced y multiplicaos, y llenad la Tierra”.
El fin primario del matrimonio es la procreación y educación de la prole; el secundario e la ayuda mutua y el remedio a la concupiscencia. [Recordar que siempre la lujuria es pecado mortal]
El matrimonio ha sido elevado por N. S. Jesucristo a la dignidad de Sacramento.
323. El sacramento del matrimonio significa la unión de Cristo con la Iglesia.
Ministros del matrimonio son los esposos que lo contraen.
324. El sacramento del matrimonio debe recibirse con reverencia y en gracia de Dios.
325. Los que se encuentran en pecado mortal deben disponerse para recibir el matrimonio, haciendo una buena confesión.
El matrimonio se contrae expresando el consentimiento mutuo delante del Párroco, o del Ordinario del lugar, o de un sacerdote delegado por uno de los dos, y de dos testigos.
El párroco debe ser el de la parroquia en donde se efectúa el matrimonio.
En cuanto sea posible, el matrimonio debe efectuarse por la mañana, con la misa especial que hay para los esposos.
La fiesta de la familia debe realizarse de modo que a ella puedan asistir Jesús y María, como en las bodas de Caná, en Galilea.
Jesús y María deben presidir dicha fiesta; lejos, pues, las diversiones y conversaciones que desdigan de la presencia de tan Augustas Personas.
Antes de casarse, es necesario pensarlo mucho; pues del matrimonio bien o mal hecho depende, casi siempre, la felicidad o desgracia en esta vida y en la otra.
Los novios, para no equivocarse en cosa de tanta importancia y para recibir con fruto el sacramento del matrimonio, deben:
1º encomendarse de corazón a Dios, para conocer su voluntad y alcanzar de Él las gracias necesarias a tal estado.
2º Consultar a sus respectivos padres antes de hacer ninguna promesa, como lo exige la obediencia y el respeto que se les debe.
3º Apartarse de toda familiaridad peligrosa en el trato mutuo, tanto de palabra como de obra.
Quien contrae matrimonio, ha de tener intención:
1º De hacer la voluntad de Dios, que lo llama a tal estado.
2º De procurarse en él la santificación del alma.
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Cuándo se puede celebrar el matrimonio
La celebración del matrimonio está permitida en cualquier día del año; pero no se puede celebrar con solemnidad cuando están cerradas las velaciones, a saber:
Desde el primer domingo de Adviento hasta el día de Navidad, y desde el primer día de Cuaresma hasta el domingo de Pascua.
Esta solemnidad prohibida consiste en la Misa especial, en que se da la bendición nupcial a los desposados, y en la pompa extraordinaria de las bodas.
Las demostraciones de pompa no dicen bien con el Adviento y la Cuaresma; porque estos son tiempos especialmente consagrados a la penitencia y oración.
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DEBERES DE LOS CASADOS
Las personas unidas en matrimonio:
1º Han de guardarse inviolablemente fidelidad conyugal y portarse siempre en todo cristianamente.
2º Ha de amarse, llevarse bien y tenerse paciencia mutuamente, viviendo en paz y concordia.
3º Si tienen hijos, han de pensar seriamente en proveerlos de todo lo necesario, en darles cristiana educación y dejarlos en libertad de elegir el estado a que Dios los llama.
4º No traspasar los límites de lo lícito.
Las palabras dichas por Dios a Adán y Eva: “Creced y multiplicaos”, manifiestan claramente que el fin primario del Matrimonio es la propagación del género humano.
Faltan, pues, muy gravemente, los que maliciosamente impiden este fin.
Este pecado atrae sobre los culpables grandes castigos del cielo: enfermedades, muertes prematuras y desgracias sin número, son sus funestas consecuencias en esta vida, y el tormento eterno del infierno en la otra.
Dios castigó con muerte repentina y condenó a perpetua deshonra a un nieto del patriarca Jacob, porque cometió esta iniquidad.
Las uniones voluntaria y criminalmente estériles, dice Bossuet, merecen la maldición de Dios y de los hombres: son un verdadero peligro social.
No hay nada que justifique y excuse semejante abominación; ni aun la falta de salud, ni la pobreza.
Todo casado, buen cristiano, debe decir: Gustoso acepto todos los hijos que dios quiera darme, y en Él pongo toda mi confianza.
Los padres de familia numerosa merecen la bendición de Dios y de la sociedad.
Muchas veces Dios los premia ya en esta vida, dándoles hijos que los sustenten en la vejez, y sean su consuelo, honor y gloria.
Pero principalmente en el Cielo, Dios recompensa muy abundantemente todos los trabajos y desvelos ocasionados por el cuidado de la vida, manutención y educación de los hijos.
Todo lo que los padres hacen en favor de sus hijos, Dios lo tiene como hecho a él mismo.
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Bendición de la madre
Es muy laudable y piadosa la costumbre de que la mujer, cando ha tenido familia de legítimo matrimonio, al salir de casa por primera vez, vaya a la iglesia para recibir la bendición.
Aunque esto no sea obligación, se practica desde muy antiguo, a ejemplo de la Santísima Virgen, que fue al templo a cumplir la ley de la Purificación.
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Propiedades del matrimonio
Las propiedades del matrimonio desde su principio son: unidad e indisolubilidad.
Unidad: un solo hombre con una sola mujer.
Indisolubilidad: unión indisoluble hasta la muerte.
Sólo cuando ha muerto uno de los cónyuges, el otro puede contraer nuevas nupcias.
Nuestro Señor Jesucristo, al elevar el matrimonio a la dignidad de Sacramento, dio peculiar firmeza a sus dos propiedades esenciales: unidad e indisolubilidad