EL VIA CRUCIS
El Vía Crucis y el Santo Rosario son las devociones más practicadas por los fieles cristianos.
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La Virgen Santísima fue la primera en practicar la Vía Crucis pues su gran consuelo era recorrer el camino del Calvario recordando lo que Jesús sufrió hasta exhalar el último suspiro en la Cruz.
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Es cosa de gran manera santa y útil para nuestra alma el meditar la Pasión del Señor: el pecador se convierte, el tibio se enfervoriza y el fervoroso hace grandes adelantos en la virtud.
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Procuremos practicar esta devoción diariamente o, a lo menos, una vez por semana.
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Indulgencias del Vía Crucis.
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La Sagrada Penitenciaría (por decreto de 20 de octubre de 1931) ha abolido todas las indulgencias antiguas y ha concedido otras nuevas.
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Todos los fieles que, arrepentidos de sus pecados, solos o en compañía, hagan el Vía Crucis, según las prescripciones de la Santa Sede, ganan:
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1. Una indulgencia plenaria todas las veces que se haga.
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2. Una segunda indulgencia plenaria, en el mismo día en que se haga, si se recibe la Santa Comunión o si, habiendo hecho diez veces el Vía Crucis, comulga en uno de los días del mes siguiente.
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3. Una indulgencia parcial de diez años por cada estación hecha, si por un motivo justo no se pudiera terminar el Vía Crucis.
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Condiciones: para ganar las indulgencias del Vía Crucis sin ir a la iglesia, se requiere:
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a) Que no se pueda hacer el Vía Crucis en la iglesia, en caso de verdadera necesidad, como los enfermos, etcétera.
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b) Rezar devotamente, arrepintiéndose de los pecados y pensando en la pasión del Divino Salvador, 20 Padrenuestros, Avemarías y Glorias, a saber: uno por cada estación, 5 en memoria de las cinco llagas y otro según la intención del Sumo Pontífice.
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Si por alguna justa causa se interrumpieran los Padrenuestros, se ganan diez años por cada Padrenuestro, Avemaría y Gloria rezado.
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c) Que durante el rezo de estas preces se tenga a mano el Crucifijo bendecido con este privilegio. Si son varias personas, basta que lo tenga una sola.
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Si el enfermo no puede rezar los 20 Padrenuestros, gana las indulgencias besando el Crucifijo y aun con solo mirarlo, rezando alguna breve oracioncita o jaculatoria; si le enfermo no puede rezar estas oraciones, le basta besar o mirar el Crucifijo propio o ajeno.
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Modo de hacer el Vía Crucis en la iglesia
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Se recorren las catorce estaciones: la primera está al lado del Evangelio. [luego del CVII algunas iglesias no lo tienen en ese orden]
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No basta recorrer las estaciones mentalmente, sino que se deben dar algunos pasos de una a otra estación, a no ser que la mucha afluencia de público impida moverse.
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No hay señalado ningún rezo especial: basta meditar brevemente la Pasión del Señor en cada estación.
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Práctica del Vía Crucis (breve y rápido)
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La señal de la Cruz y Acto de Contrición
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Al principio de cada estación, se dice:
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Adorámoste, Cristo, y bendecímoste, porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo.
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Se medita por breves instantes lo que aquella estación nos recuerda, y se reza un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.
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Iª Estación: Jesús es condenado a muerte de Cruz por Pilato, juez iniquísimo.
¡Oh Jesús, cuán bueno sois! Vos aceptáis esta sentencia, la más injusta, para librarme de la condenación eterna que he merecido por mis culpas.
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IIª Estación: Jesús carga con la cruz a cuestas y la lleva con infinita paciencia.
¡Oh Jesús, haced que yo lleve también mi cruz con gran paciencia, procurando imitar la vuestra!
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IIIª Estación: Jesús cae por primera vez, pues está muy extenuado, sus piernas tiemblan, y cae en tierra bajo el enorme peso de la Cruz.
¡Oh Jesús, por tan dolorosa caída, perdonad mis caídas en el pecado!
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IVª Estación: Jesús con la cruz a cuestas encuentra a Su Santísima Madre.
¡Qué espada de dolor tan cruel atravesó los corazones de Jesús y de María! ¡Oh Jesús, oh María, mis culpas fueron la causa de vuestro dolor: hace que yo las aborrezca y camine por la senda de la virtud, hasta llegar a veros en la celestial Sión!
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Vª Estación: Simón Cireneo ayuda a Jesús a llevar la Cruz.
¡Oh buen Jesús, cuán dichoso fue el Cireneo! Yo también quiero tener la dicha de ayudaros a llevar la cruz, llevando la mía por vuestro amor.
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VIª Estación: La Verónica limpia con su velo el rostro de Jesús, y el divino rostro queda estampado en aquel velo.
¡Oh buen Jesús!, estampad también en mi alma la imagen de vuestras virtudes, para que en el momento de la muerte el Padre celestial me encuentre semejante a Vos, modelo de los predestinados.
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VIIª Estación: Jesús cae por segunda vez.
¡Oh buen Jesús, Vos caísteis nuevamente porque nosotros recaemos en el pecado: tened piedad de nosotros: perdonadnos, pues estamos arrepentidos.
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VIIIª Estación: Jesús dice a unas piadosas mujeres que lloraban al verle tan maltratado: “Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; antes llorad por vosotras y por vuestros hijos…, porque si en el árbol verde hacen esto, en el seco ¿qué se hará?
¡Oh buen Jesús, tiemblo al considerar el rigor de la divina justicia: miradme a mí y a todos los hombres con ojos de misericordia!
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IXª Estación: Jesús cae por tercera vez.
¡Oh buen Jesús, Vos caísteis muchas veces en tierra, porque nosotros hemos caído muchas veces en el pecado: haced que caminemos siempre firmes y constantes en vuestro santo servicio!
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Xª Estación: Jesús en el Calvario es despojado de sus vestiduras, y le dan a beber hiel y vinagre.
¡Oh buen Jesús, con cuánto rigor permitisteis fuera tratado vuestro cuerpo inocentísimo! ¡Cuán justo es que yo trate el mío con rigor, a lo menos con el necesario para guardar vuestra santa ley!
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XIª. Estación: Jesús es clavado en la Cruz.
¡Oh mi buen Jesús, sea yo también crucificado con Vos, de modo que mis manos no cometan nunca acciones prohibidas, y mis pies no den jamás pasos criminales ante vuestra divina presencia!
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XIIª Estación: Jesús muere en la Cruz, después de tres horas de agonía, por mi salvación.
¡Oh buen Jesús, justo es que yo emplee toda mi vida en serviros, pues Vos habéis dado la vuestra por mí! Deseo morir para no pecar más, para satisfacer por mis pecados y para veros a Vos, Hermosura infinita.
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XIIIª. Estación: Jesús es bajado de la Cruz y puesto en los brazos de su Santísima Madre.
¡Oh Virgen dolorosísima, mis pecados han sido los azotes, las espinas, los clavos y la lanza que han cubierto de llagas a vuestro Hijo inocentísimo; pedidle me los perdone y me dé gracia abundante para nunca más cometerlos.
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XIVª. Estación: Jesús es colocado en el sepulcro.
¡Oh María, Madre amabilísima! Vos dejasteis vuestro corazón junto con el cuerpo de Jesús, pues bien, había dicho el divino Maestro: “donde está tu tesoro, allí está tu corazón”. ¿Qué chabía más precioso para Vos que Jesús? ¿Qué hay también más precioso para mí? Sí, haced que mi pensamiento y mi corazón estén siempre donde está Jesús, esto es, en el cielo y en el Santísimo Sacramento del altar.
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Se termina con un Padrenuestro, Avemaría y Gloria, a intención del Sumo Pontífice, para ganar las Santas Indulgencias.