LO QUE SE HA DE ORAR
330. El mismo Jesucristo nos enseñó el Padrenuestro para que aprendiéramos a orar; por esto es la mejor de las oraciones.
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331. Orar es levantar el corazón a Dios para adorarle, darle gracias y pedirle lo que necesitamos.
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332. La oración es de dos maneras: mental y vocal.
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333. Oración mental es la que se hace ejercitando la memoria, el entendimiento y la voluntad.
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334.- Hacemos la oración mental acordándonos con la memoria de alguna cosa buena, pensando y discurriendo con el entendimiento sobre ella, y haciendo acto con la voluntad, como, por ejemplo, de dolor de los pecados, o resoluciones, como de confesarnos o de mudar de vida.
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El que hace bien la oración mental, aunque sea solo un cuarto de hora diariamente, conservará fácilmente la gracia de Dios.
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[Por eso nos pide Nuestra Señora de las Rosas una hora diaria de meditación en Dios Padre, una hora de adoración diaria a Jesús Sacramentado… Y hay grandes promesas para los que mediten diariamente en los 7 Dolores y Lágrimas de la Virgen María, rezando un Avemaría en cada Dolor y lágrima, eso sabemos por las Revelaciones de Santa Brígida de Suecia.]
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Dice San Alfonso: “El que ora, se salva, el que no ora se condena”.
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[Y también debemos fijarnos en la forma que oramos. En la oración vocal Nuestra Señora de las Rosas nos dice que Ella no quiere “servicio de labios” sino que pensemos y sintamos lo que decimos. Y también dice que orar sin obras es como poner carne sobre la tumba de una persona. Se entiende que es un completo desperdicio, por ejemplo de tiempo, y que podría atraer ratas o simplemente se la comería algún gato que ande por los alrededores… me suena a las semillas que caen al borde del camino, en la parábola del sembrador, un terreno duro: el corazón o la cabeza del que reza mal…y esa oración no da frutos]
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335.- Oración vocal es la que se hace con palabras, como por ejemplo cuando rezamos el Padrenuestro.
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336.- Dios, que todo lo sabe, no necesita nuestras oraciones para favorecernos, pero quiere que acudamos a Él por la oración.
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Es necesario orar frecuentemente, porque Dios lo manda, y de ordinario solo por medio de la oración concede las gracias espirituales y temporales que necesitamos.
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Conviene orar al levantarse y al acostarse, y a menudo, especialmente en las tentaciones o peligros.
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La oración bien hecha, nos alcanza siempre del Señor lo que pedimos u otra cosa mejor.
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Jesucristo dijo: Pedid y recibiréis.
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La oración que se hace pidiendo la salvación de la propia alma, tiene un efecto infalible.
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Debemos pedir ante todo e incondicionalmente, el perdón de nuestros pecados, la gracia de Dios y la perseverancia en ella hasta la muerte.
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[Es muy importante esa oración de la mañana donde le pedimos a Jesús que no nos deje hacer cosa alguna que se oponga a la salvación de nuestra alma]
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Los demás bienes hemos de pedirlos condicionalmente, esto es, si son para mayor gloria de Dios y bien de nuestra alma.
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337.- A veces Dios no nos concede lo que le pedimos, porque lo pedimos mal o porque no nos conviene para la salud del alma.
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338.- Se ha de orar con atención, humildad, confianza y perseverancia.
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[Nuestra Señora de las Rosas, María Auxilio de las madres, nos dice que el Cielo no quiere “servicio de labios” sino que pensemos y sintamos lo que decimos al orar]
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En la oración vocal, se debe evitar la precipitación.
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Las distracciones involuntarias no quitan el mérito o valor de la oración.
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Debemos pedir en Nombre de Nuestro Señor Jesucristo, como Él nos lo enseña y lo practica la Santa Iglesia, quien termina las oraciones con estas palabras: “Por Nuestro Señor Jesucristo”
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Oración jaculatoria es una oración brevísima, por ejemplo: ¡Dios mío, os amo de todo corazón! ¡Antes morir que pecar! ¡Virgen Santísima, ayudadme!, etcétera.
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Conviene hacer muy a menudo oraciones jaculatorias, pues son de mucha utilidad y un medio muy eficaz de vencer las tentaciones.
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El Padrenuestro
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Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea el tu nombre; venga a nos el tu reino; hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo.
El pan nuestro de cada día, dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación mas líbranos del mal. Amén.
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[Así se rezaba cuando se imprimió este libro, lo cambiaron mínimo 3 veces desde entonces]
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339.- Cuando decimos el Padrenuestro hablamos con Dios Nuestro Señor.
Los Apóstoles dijeron a Jesús: “Maestro, enséñanos a orar” (Luc. XI, 1).
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Jesús les respondió: “Cuando queráis orar, decid: Padre Nuestro… etcétera”.
El Padrenuestro se llama oración dominical, porque la compuso Nuestro señor Jesucristo para enseñarnos a orar.
Por consiguiente, es la mejor de las oraciones; contiene todo cuanto debemos pedir.
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340.- El Padrenuestro tiene siete peticiones, fundadas en toda caridad, que abarcan todas nuestras necesidades espirituales y corporales.
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341. Antes de las peticiones decimos: Padre nuestro que estás en los cielos, para levantar el corazón a Dios y pedirle sus beneficios, con afecto y confianza de hijos, para nosotros y para todos los hombres, pues todos somos hermanos.
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Empezamos, diciendo: Padre nuestro.
¡Padre! ¡Qué palara tan consoladora, tan propia para inspirarnos confianza!
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Solo porque Jesucristo nos lo ha dicho, podríamos animarnos a llamar Padre al que es el Ser Supremo, Señor del cielo y de la tierra.
Dios es nuestro Padre: Él nos ha creado a su imagen, nos conserva y gobierna con su providencia y por la gracia somos sus hijos adoptivos y herederos del cielo.
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Llamamos a Dios: “Padre nuestro”, y no “Padre mío”, porque todos somos sus hijos, por lo cual hemos de mirarnos y amarnos todos como hermanos.
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Decimos: “que estás en los cielos”, para levantar nuestra mente y corazón hacia el cielo, que es el lugar donde Dios manifiesta a sus hijos el esplendor de su gloria.
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342.- La primera petición del Padrenuestro es: “Santificado sea el tu Nombre”, y en ella pedimos que el nombre de Dios sea conocido y honrado en todo el mundo.
Esta es la primera petición, porque el primer deseo de nuestro corazón debe ser buscar la gloria de Dios, antes que nuestros intereses y provecho.
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Buscamos la gloria de Dios, si procuramos cumplir su santa ley.
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343.- La segunda petición del Padrenuestro es: “Venga a nos el tu reino”, y en ella pedimos que reine Dios en nuestras almas por la gracia, y después nos dé la gloria eterna.
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El reino de Dios es su gracia en esta vida y su gloria en la otra.
La Iglesia militante se llama también reino de Dios; pedimos que todos los hombres la conozcan y formen parte de ella.
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344.- La tercera petición del Padrenuestro es: “Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo”, y en ella pedimos que hagamos la voluntad de Dios los que estamos en la tierra, como lo hacen los bienaventurados en el cielo.
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Pedimos la gracia de hacer siempre la voluntad de Dios; no que Dios haga la nuestra.
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[Y debemos anhelar hacer Su voluntad, de obedecerlo, con el amor y la pureza de los ángeles. Ellos son superiores a nosotros, pero debemos aspirar a eso. ]
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345.- La cuarta petición del Padrenuestro es: “El pan nuestro de cada día dánosle hoy”, y en ella pedimos que Dios nos dé el alimento material para el cuerpo, y el alimento espiritual de la gracia y los sacramentos para el alma.
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La palabra pan significa todo lo necesario para la vida del alma y del cuerpo.
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346.- La quinta petición del Padrenuestro es: “Perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores”, y en ella pedimos que Dios nos perdone nuestros pecados, así como nosotros hemos perdonado a los que nos han agraviado y hecho mal.
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La palabra deudas, significa pecados.
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La palabra deudores, se refiere a los que nos han ofendido.
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Los que no quieren perdonar al que los ofendió, al rezar el Padrenuestro se condenan por sí mismos, diciendo a Dios que les perdone, como ellos perdonan a su prójimo.
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[Debemos perdonar en nuestro corazón aunque no nos pidan perdón ya que no debemos guardar odio ni rencor o resentimiento. Pero sí debemos recordar cómo fue que caímos en tal o cual peligro para no volver a ser heridos y prevenir que esa persona nos vuelva a hacer daño alejándonos todo lo posible. Tenemos derecho a elegir a nuestros amigos. Y debemos rezar por la conversión de todos y hacer el bien a todos. Perdonar no significa que debamos renunciar a la justicia (se habla de leyes justas, no de justicia por la propia mano).]
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347.- La sexta petición del Padrenuestro es: “No nos dejes caer en la tentación”, y en ella pedimos que Dios no nos deje consentir en los malos pensamientos y tentaciones con que el demonio procura hacernos caer en pecado.
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Tentación es una incitación al pecado.
El pecado está, no en tener tentaciones, sino en consentirlas.
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Dios permite que seamos tentados:
1º Para probar nuestra fidelidad.
2º Para darnos ocasión de perfeccionar nuestra virtud.
3º Para que tengamos más mérito y premio.
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Por esto, no pedimos que no tengamos tentaciones, sino que no caigamos en ellas.
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348.- La séptima petición del Padrenuestro es: “Mas líbranos del mal”, y en ella pedimos que Dios nos libre de todos los males y peligros espirituales y corporales.
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[en Latín: “Sed libera nos a malo” significa también que nos libre del maligno]
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Pedimos nos libre Dios del sumo mal, que es el pecado y su castigo.
Pedimos a Dios que nos libre de los otros males según convenga para nuestro bien espiritual.
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Las penas de esta vida, lo mismo que las tentaciones, son permitidas por Dios para nuestro bien espiritual, porque:
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1º Estas penas nos hacen comprender claramente que este mundo es un destierro, un valle de lágrimas; y nos hacen concebir deseos de ir pronto al cielo.
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2º Estas penas nos hacen más semejantes a Jesucristo, que fue propiamente Varón de dolores.
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Es justo le acompañemos en el sufrimiento, si queremos acompañarle en la gloria.
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[Y si pensamos en la Santísima Virgen: Madre de dolores, como Ella misma lo dijo en un Mensaje de Nuestra Señora de las Rosas, se ve claramente que Ella es Corredentora, ya que la gloria que tiene ahora la ganó por méritos acompañando a Su Hijo en el Camino de la Cruz, siguiéndolo, cuando Sus dolores en alma y corazón fueron terribles, e intercedía por el bien de todos, llegando a sufrir un dolor de muerte en su alma cuando Jesús murió, ya que una espada le atravesó el alma. Y ahora Su corazón está todo rodeado de espinas (a imitación de la corona de espinas que tiene Jesús en Su corazón), que los hombres ingratos le clavan en cada momento con blasfemias e ingratitudes, como se lo mostró a Lucía de Fátima el 10 de diciembre de 1925, cuando ella estaba en el convento de Santa Dorotea, en Pontevedra.
El dolor de la espada en el alma de la Santísima Virgen era casi insoportable, Nos dice Nuestra Señora de las Rosas que sólo lo podía soportar pensando en que Jesús iba a volver.]
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[Esto es de las Profecías y Revelaciones de Santa Brígida de Suecia:
Sobre cómo la fe, la esperanza y la caridad se hallaron perfectamente en Cristo en el momento de su muerte y deficientemente en nosotros.
Capítulo 39
Yo tuve tres virtudes en mi muerte. Primero, fe, cuando doblé mis rodillas y recé, sabiendo que el Padre podía librarme de mi sufrimiento. Segundo, esperanza, cuando perseveré resueltamente diciendo: ‘No se haga mi voluntad’. Tercero, caridad, cuando dije: ‘¡Hágase tu voluntad!’ También padecí agonía física debido al temor natural a sufrir, y un sudor de sangre emanó de mi cuerpo. Por ello, para que mis amigos no teman ser abandonados cuando les llegue el momento de la prueba, Yo les demostré en mí que la débil carne siempre trata de escapar del dolor. Podrías preguntar, quizá, cómo fue que mi cuerpo segregó un sudor de sangre.
Bien, de la misma forma en que la sangre de una persona enferma se reseca y se consume en sus venas, mi sangre se consumió por la angustia natural de la muerte. Queriendo mostrar la manera en la que el Cielo se abriría y cómo las personas podrían entrar en él después de su exilio, el Padre amorosamente me entregó a mi pasión para que mi cuerpo fuera glorificado una vez que la pasión se hubiera consumado. Porque mi naturaleza humana no podía simplemente entrar en su gloria sin sufrir, pese a que Yo fui capaz de hacerlo mediante el poder de mi naturaleza divina.
¿Por qué, entonces, las personas con poca fe, vanas esperanzas y sin amor merecerían entrar en mi gloria? Si tuvieran fe en el gozo eterno y en el terrible castigo, no desearían nada más que a mí. Si ellos realmente creyeran que yo veo todas las cosas y tengo poder sobre todas las cosas, y que Yo exijo un juicio para cada uno, el mundo les resultaría repugnante, y no osarían pecar en mi presencia, por temor a mí y no a la opinión humana. Si tuvieran una firme esperanza, todo su pensamiento y entendimiento se dirigiría hacia mí. Si tuvieran amor divino, sus mentes pensarían al menos sobre lo que hice por ellos, los esfuerzos que hice al predicar, el dolor que padecí en mi pasión, el gran amor que tuve al morir, tanto que preferí morir antes que perderlos.
Pero su fe es débil y vacilante, apuntando a una caída fulminante, porque están dispuestos a creer cuando están ausentes los impulsos de la tentación, pero pierden confianza cuando se topan con la adversidad. Su esperanza es vana, porque esperan que su pecado sea perdonado sin un juicio y sin una correcta sentencia. Confían en que pueden conseguir el Reino de los Cielos gratuitamente. Desean recibir mi misericordia sin la moderación de la justicia. Su amor hacia mí es frío, pues nunca se ponen a buscarme ardientemente a menos que se sientan forzados por la tribulación.
¿Cómo me voy a compadecer de las personas que ni sostienen una fe recta ni una firme esperanza ni una ferviente caridad hacia mí? Por ello, cuando me imploren y digan ‘¡Señor, ten piedad de mí!’ no merecerán ser oídos ni entrar en mi gloria. Si no quieren acompañar a su Señor en el sufrimiento no lo acompañarán en la gloria. Ningún soldado puede complacer a su señor y ser bien recibido de nuevo después de un desliz, a menos que primero se humille para reparar su ofensa.]
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3º Estas penas, sufridas con paciencia, son motivo de gran mérito y premio para el cielo.
Son tesoro preciosísimo que el Señor nos ofrece.
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Si los hombres conociesen el valor de estas penas, pedirían a Dios que no se las quitase, sino que les diese más y la debida paciencia para sufrirlas.
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La palabra Amén, que decimos al fin de las oraciones, quiere decir: Así sea.
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El Padrenuestro debe rezarse frecuentemente, sin precipitación, como está en el Catecismo, sin cambiar, añadir o quitar palabras.
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Después del Padrenuestro, para alabar a la Santísima Virgen y pedir su poderosa intercesión, se suele rezar el Ave María.
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El Avemaría
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349.- Las oraciones principales que rezamos a la Santísima Virgen son el Avemaría y la Salve.
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Avemaría
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Dios te salve, María, llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas las mujeres; y bendito es el fruto de tu vientre: Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.
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350.- El arcángel San Gabriel, cuando saludó a la Santísima Virgen en la Anunciación, dijo la parte principal del Avemaría.
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Las palabras de que está compuesta el Avemaría, pertenecen: parte al arcángel San Gabriel, parte a Santa Isabel y parte a la Santa Madre Iglesia.
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El arcángel San Gabriel, al anunciar a María que sería la Madre de Dios, la saludó, diciéndole: “Dios te salve, llena eres de gracia, el Señor es contigo: bendita tú eres entre todas las mujeres”.
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Santa Isabel, al ser visitada por María, que era ya Madre de Dios, le dijo:
“Bendito es el fruto de tu vientre”.
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Las demás palabras son de la Santa Madre Iglesia.
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[Y la Virgen de Garabandal dijo que quiere que se agregue “y Madre nuestra” luego de “Madre de Dios”, que no lo digamos siempre sino de vez en cuando, mientras no esté aprobado por la Iglesia.]
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El Avemaría se llama salutación angélica porque empieza con las palabras del arcángel San Gabriel.
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351.- La Salve nos la enseñó la Santa Iglesia, para pedir favor y ayuda a la Santísima Virgen.
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352.- La Santísima Virgen María es la Madre de Dios.
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353.- La Madre de Dios es también Madre nuestra.
354.- Cuando decimos Nuestra Señora de Luján, del Carmen, del Rosario, etc., entendemos diversas advocaciones o títulos con que es invocada la misma Santísima Virgen María.
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355.- Colocamos en los altares la imagen de María Santísima, para honrarla y acordarnos frecuentemente de nuestra Madre que está en el cielo.
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[Ella intercede por nosotros ante su Divino Hijo, Jesucristo. Como intercedió ante Él en las bodas de Caná, como pedía por el bien de todos mientras hacía el Camino de la Cruz… Lamentablemente son los hombres quienes no la escuchan ya que en los Mensajes de Nuestra Señora de las Rosas, Ella dijo que ha venido incontables años terrestres, con lágrimas, tratando de que se la escuche pero no fue atendida.]
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Devoción a la Santísima Virgen
La Santísima Virgen María es una gran Señora, llena de gracia y de virtudes [virtudes en grado sumo, perfecto, Madre de las Virtudes, Ella es “sin par”, espejo purísimo de la Luz de Dios, ni la más leve sombra de pecado la rozó jamás. Dios la hizo Perfecta, y Ella se ha mantenido así, acumulando méritos que no podemos ni calcular.] es Madre de Dios, y nuestra Madre y Abogada en el cielo.
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Está en el cielo en cuerpo y alma. [La Asunción de la Virgen es la fiesta más antigua e importante de la Iglesia acerca de la Virgen.
Una niña de 9 años que estaba con un grupo de fieles en ese momento alrededor del sepulcro, la vio ascender a los cielos junto con Jesús, que había ido a resucitarla y llevarla al Cielo en medio de las aclamaciones de los ángeles y los bienaventurados, que tanto la aman, donde recibió “su bien merecida corona”, como nos dice Jesús en los Mensajes de Nuestra Señora de las Rosas.]
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Es invocada con varios títulos, tales como: Inmaculada Concepción, del Carmen, del Rosario, Auxilio de los cristianos, etc.
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Después de Jesús, debemos profesar a María Santísima el mayor amor.
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Motivos de la devoción a María Santísima
I.- María es la más privilegiada y amada de Dios de todas las criaturas.
II.- María es la Madre de Dios.
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Por consiguiente, todo el honor que tributamos a María redunda en honor a Dios.
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[Todas las oraciones que hacemos a María Santísima, a los Ángeles y Santos, Ella las recibe y se las ofrece a Dios. Ella es Tesorera de todas las gracias. Ella es Reina y Señora, con poder dado por Dios, no una reina que sólo se presenta en las fiestas vestida de gala.]
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III.- María es nuestra Madre y Abogada en el cielo.
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Jesús, desde la Cruz, dijo a su discípulo Juan: He ahí a tu Madre, refiriéndose a María (Juan, XIX, 27).
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San Juan representa a todos los buenos cristianos, a quienes Jesús dio por Madre a su propia Madre.
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IV.- El ser devoto de María es señal de predestinación, según dicen San Anselmo y otros Santos.
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Predestinación, significa ser elegido para el cielo.
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V.- La Santa Iglesia nos da ejemplo de cómo debemos ser devotos de María.
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La honra con un culto superior al de todos los Santos.
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Le dedica muchos templos muy suntuosos, e imágenes muy devotas.
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Tiene establecidas muchas festividades, oraciones y prácticas devotas en su honor.
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VI.- Dios se complace en conceder gracias muy extraordinarias, y a veces hasta milagrosas, a los que con fe acuden a María.
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Para ser verdadero devoto de María, se debe procurar:
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1º Evitar el pecado e imitar sus virtudes.
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Lo que más aborrece María es el pecado.
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Debemos procurar imitar a María, especialmente en la humildad, castidad y caridad
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[Eso es muy importante. La humildad vence al demonio, y Nuestra Señora de las Rosas nos dice que sin pureza y caridad no se entra al Cielo]
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2º Comulgar a menudo
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Causa gran satisfacción a María el vernos unidos con Jesús en la Sagrada Comunión.
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3º Rezar el Santo Rosario, llevar escapulario o medalla y practicar otras obras piadosas en su honor
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[“Un rosario completo, diario, debe ser rezado en la casa que desea ser salvada” nos manda Ntra. Señora de las Rosas, y también nos dice que todo el que vista al cuello el escapulario marrón, el escapulario verde y el rosario será salvo. Pero el escapulario marrón debe ser de tela de lana, y el cordón que une cada parte debe ser de un solo cordón (lamentablemente los escapularios marrones que se compran hoy en día tienen dos piezas de cordón que unen las dos partes, hay que quitarlas y poner un solo cordón). El escapulario marrón debe ser bendecido por un sacerdote que tenga cariño a las cosas de la religión y luego nos lo ponemos. Y después, cuando encontramos un sacerdote carmelita o franciscano, le pedimos que nos lo imponga (él reza unas oraciones especiales y nos lo pone). No acepten que el sacerdote de la parroquia se los imponga, porque entonces el carmelita o franciscano no querrá imponérselo a uds. Los escapularios para las mujeres deben ser grandes, como de 10 cm x 10 cm, y la parte delantera colgar desde la cintura hacia abajo.
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Obras piadosas son por ej. realizar la Comunión de los 9 primeros viernes en reparación al Sagrado Corazón de Jesús y la Comunión reparadora de los 5 primeros sábados al Inmaculado Corazón de María, y cuando ya se hicieron por uno mismo, hacerlas por otras personas que queremos asegurarnos que se salven.]
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A más del Avemaría, la Santa Iglesia nos enseña a implorar la protección de la Virgen María con la Salve.
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El Gloria
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Después del Padrenuestro y Avemaría, se suele rezar el Gloria, en honor de la Santísima Trinidad.
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Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos. Amén.
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Es muy común rezar el Gloria en latín.
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Glória Patri, et Fílio, et Spiritui Sancto.
Sicut erat in principio, et nunc, et semper, et in saécula saeculórum. Amen.
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[En estos capítulos se analizaron las 3 oraciones principales. Anteriormente, el Credo. Y hay más oraciones en este librito, en Latín, traducidas, además del Rosario y el Via Crucis, también oraciones para antes y después de comulgar, para antes de confesarse, etc. No voy a poder transcribir todo por falta de tiempo.]