De las fuentes y causas de los pecados y de las virtudes opuestas
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366. Los pecados capitales son siete: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza.
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367. Estos siete pecados se llaman capitales, porque son cabezas y como fuentes y raíces de otros vicios que de ellos nacen.
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368. Los pecados capitales son pecados mortales, cuando quebrantan en materia grave algún mandamiento de Dios o de la Iglesia.
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369. Soberbia es un apetito desordenado de ser preferido a otros.
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Este vicio detestable perdió a los ángeles malos e hizo caer a nuestros primeros padres.
Todo pecado proviene de la soberbia.
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370. Avaricia es un apetito desordenado de riquezas.
(Véase lo dicho en la 2da. Parte: 7º y 10º mandamientos).
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371. Lujuria es un apetito desordenado de placeres sensuales.
(Véase lo dicho en la 2da. Parte: 6º y 9º mandamientos)
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372. Ira es un apetito desordenado de venganza.
Pocas son las personas que no cometen alguna falta de ira.
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Se llama ira santa al horror al pecado y el deseo justo de castigar a los malos; esta clase de ira no es pecado.
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373. Gula es un apetito desordenado de comer y beber.
(véase lo dicho en el 5º mandamiento, sobre el vicio de la embriaguez)
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374. Envidia es un pesar del bien ajeno.
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375. Pereza es una dejadez de ánimo para hacer buenas obras y cumplir las propias obligaciones.
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El vicio de la pereza es un ladrón que roba los tesoros más preciosos.
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Muchos, fácilmente podrían conseguir grandes méritos y premios para el cielo, mas por pereza lo pierden.
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Y muchos, por pereza, pierden el bienestar temporal y aun el eterno.
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376. No es pecado sentir estos malos deseos y apetitos, sino el quererlos y no reprimirlos.
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377. Las siete virtudes opuestas a los siete pecados capitales son:
Contra la soberbia, humildad.
Contra la avaricia, largueza.
Contra la lujuria, castidad.
Contra la ira, paciencia.
Contra la gula, templanza.
Contra la envidia, caridad.
Contra la pereza, diligencia.
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La Humildad es reconocer que de nosotros mismos sólo tenemos la nada; tratarnos y sufrir ser tratados como la nada y como pecadores, y dar a Dios la gloria de todo lo bueno que hay en nosotros.
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La verdadera humildad está fundada en la verdad. La humildad es la más necesaria.
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El peor de los vicios es la soberbia; la mejor de las virtudes es la humildad.
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Nuestro Señor Jesucristo quiso ser Maestro, especialmente de la humildad, diciendo:
“Aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis la paz para vuestras almas” (Mat. XI, 29)
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Largueza o generosidad, es no codiciar lo ajeno y dar, con gusto, de lo propio a los pobres y para obras pías.
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Castidad es reprimir y moderar los apetitos sensuales.
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Paciencia es sufrir con paz y serenidad las injurias y adversidades.
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Templanza es tener moderación en el comer y el beber.
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Caridad es desear y hacer bien al prójimo por amor de Dios.
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Diligencia es una prontitud de ánimo para obrar el bien.