Parábola de las bodas reales (Mt 22, 1-12)

Y tomando Jesús de nuevo la palabra, les habló en parábolas, diciendo:
Se ha asemejado el reino de los cielos a un rey que dispuso unas bodas para su hijo. Y despachó sus esclavos para llamar a los que habían sido convidados a las bodas. Y no quisieron venir. De nuevo despachó otros esclavos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí que tengo preparado mi convite; mis toros y animales cebados han sido sacrificados, y todo está a punto; venid a las bodas.
Mas ellos, no haciendo caso, se marcharon, quien a su granja, quien a su comercio; los demás, echando mano a sus esclavos, los ultrajaron y mataron.
El rey se encolerizó, y enviando sus ejércitos, hizo perecer a aquellos homicidas e incendió su ciudad. Entonces dice a sus esclavos: Las bodas están a punto, pero los convidados no eran dignos; id, pues, a las encrucijadas de los caminos, y a cuantos hallareis, llamadlos a las bodas. Y habiendo salido aquellos esclavos a los caminos, reunieron a cuantos hallaron, malos y buenos; y se llenó de comensales la sala de bodas.
Y entrando el rey a ver a los que estaan a la mesa, vio allí un hombre no vestido con traje de boda, y le dice: Amigo, ¿cómo entraste acá no teniendo traje de boda? Él no desplegó los labios. Entonces, el rey dijo a los sirvientes: Atadle de pies y manos y arrojadle a las tinieblas de allá afuera; allí será el llanto y el rechinar de dientes. Porque muchos son los llamados, mas pocos los elegidos.

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El Rey es Dios Padre que dispuso unas bodas para Su Hijo. Los judíos estaban invitados primeramente para conocer el Amor de Jesucristo. Pero rechazaron a los esclavos del Rey.
Esclavos de Dios por obediencia y por amor, que aman a Dios y sólo quieren hacer su voluntad y amarlo como Él se lo merece imitando a Su Hijo. 
El convite es entrar en la Iglesia y también es entrar en el Cielo. Pero el que entra falsamente en la Iglesia, salvo milagro de conversión no entrará en el Cielo.
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Jesucristo se cuenta humildemente entre sus hermanos (Mt 12,50: “porque todo el que hiciere la voluntad de mi Padre, que está en los cielos, éste es mi hermano, y hermana, y madre”), y está entre ese segundo grupo de esclavos del que algunos son asesinados, Él es el primero de ese grupo que sufre martirio.De los profetas ya Dios nos habló claramente en la parábola anterior.
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El Rey, Dios, que es Dueño de todo, envió al ejército romano a destruir Jerusalén en el año 70, incendió el Templo y los judíos están muertos espiritualmente, rechazados por Dios. Todo el que no cree en Jesucristo como Dios, va al infierno. Nos dice Nuestra Señora de las Rosas, María Auxilio de las madres, también nos dice que todo lo que se hace contra la Iglesia repercute en el mundo. 
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Entonces el Rey manda a sus esclavos a las encrucijadas de los caminos para que a los que hallaren, los llamen a las bodas. Reunieron a cuantos hallaron: malos y buenos.
Ese llamado es el Bautismo. Cuando se bautiza a alguien no se sabe si será bueno o malo, o peor, si entró ya en la Iglesia con ánimo de destruir desde dentro.
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Las Bodas de felicidad eterna se dan en el Cielo, el Amor, la Paz, la Alegría y Belleza del Cielo nadie las puede describir con palabras. Nuestra Señora de las Rosas, María Auxilio de las madres, nos dice que superan todo lo que podamos imaginar o anhelar. En la Tierra empiezan con los Sacramentos, con encontrar a Jesús. 
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En Jn 3, 29 leemos: Quien tiene a la esposa, este es el esposo; mas el amigo del esposo, el que asiste y oye su voz, se goza en gran manera por la voz del esposo. Así, pues, este gozo mío ha sido cumplido. 
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Los adultos mediten cómo tiene que comportarse la esposa fiel (cada alma católica verdadera) cuando el demonio controle la Iglesia por breve tiempo, como nos avisó Nuestra Sra. de las Rosas. No pueden dar batalla solos. Necesitan obedecer en todo a Nuestra Sra. de las Rosas. Jesucristo vino junto a la Santísima Virgen en esas apariciones y no las pueden rechazar o serán rechazados por el Cielo. Tienen que prepararse para esa tremenda batalla ahora. Ya perdieron muchas por no obedecer a los Mensajes.
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A Jesucristo, cuando caminaba entre nosotros en cuerpo mortal, la gente lo llamaba: El Maestro de la paz. Hasta los años 70, aún los reptiles infiltrados en la Iglesia venían porque “encontraban paz”. Había una atmósfera de belleza y pureza, y donde menos había, al menos se salía con paz y regocijo en el corazón. Pero el demonio quiere subir a la cabeza de todo y puso a los suyos en los más altos puestos y en toda la Iglesia a destruir desde dentro.
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Y los convidados hacen el camino de la vida hasta llegar un día a la Presencia de Dios. El Evangelio no dice que TODOS los llamados entraron, sino que la sala de bodas se llenó. Es obvio que los malos y los muy malos no llegaron al banquete sino que fueron rechazados al llegar al juicio personal, las revelaciones a los Santos nos cuentan que algunos son lanzados al infierno antes de llegara a la presencia de Dios para el juicio personal. Los buenos y muy buenos llegan cargados de méritos. Ese es el traje de boda engalanado con joyas preciosas que son las buenas obras que hayan hecho, los frutos de virtudes, etc., Nuestra Señora de las Rosas nos insiste en que hagamos las obras de caridad corporales: Dar de comer al hambriento, de beber al sediento, vestir al desnudo, visitar al enfermo y al que está en prisión, dar posada al peregrino (pero no en nuestra casa, nadie debe entrar si no es de Nuestra Señora de las Rosas o al menos católico sincero según la Santa Tradición), enterrar a los muertos.
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Pero en el banquete de boda, algunos están como infiltrados. Hay uno que no tiene traje de boda. No era malo ni bueno. Y por no tener méritos ni poder justificarse, es echado a las tinieblas de afuera, donde es “el llanto y rechinar de dientes”. Ante la Verdad Absoluta que es Dios, ningún hombre puede esgrimir la mínima justificación fraudulenta.
Alguno se preguntará ¿hubo un error para que esos entren esos sin traje de boda? No. Simplemente la Misericordia de Dios les permite a algunos entrar hasta cierto punto. Pero si no hicieron méritos en esta vida, al llegar a ese grado más cerca de Dios van a tener que hacer muchísimo más esfuerzo del que hubieran hecho en la Tierra para merecer el Cielo.
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Les cuento un testimonio de una mujer que estuvo muerta unos minutos y la revivieron. No suelo creer esos testimonios, pero éste me parece muy cierto:
Su alma salió de su cuerpo y llegó a un lugar donde había mucha gente, en medio de una luz que la hacía sentir maravillosamente bien y le salió al encuentro un tío que ella recordaba que le había regalado una guitarra cuando era niña. Ella preguntaba dónde era que estaban y él le dijo que en “la respiración de Dios” y también le dijo que ella debía volver a la Tierra. Pero ella no quería, se sentía muy bien allí. El tío le dijo que pensara en sus hijas, pero ella dijo: “oh, ellas estarán bien”. No se preocupaba ni por sus niñitas. Entonces sintió que alguien la empujó y se despertó en el quirófano del hospital.
Yo pienso que esa mujer era la típica “tibia” que no hace mal pero tampoco ama como debe. Si lo que sentía era la respiración de Dios, tal vez es que estaban en la boca de Dios, listos para ser vomitados. “Así, puesto que eres tibio, y ni caliente ni frío, estoy para vomitarte de mi boca” (Ap 3, 16).
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Cualquiera diría: pero si llegué a estar cerca de Dios, si no me mandó directamente al infierno, ahora me va a ser más fácil creer en Dios y entonces sí lo voy a obedecer… Para esa gente que estaba en lo que interpreto como un lugar en la boca de Jesús, como no habían hecho el esfuerzo necesario para ganarse el Cielo en esta vida, no estaban acostumbrados a hacer ningún esfuerzo espiritual, supongo que ni se les pasaba por la cabeza, estaban acostumbrados a apoltronarse en cualquier situación. Además, leemos en Lc 12, 48, entre otras cosas, que: “A todo aquel a quien mucho se dio, mucho se le exigirá”. Es como que a esa gente que llegó a “la respiración de Dios” se le exige mínimo 10 veces más esfuerzo del que hicieron en esta vida, pero se quedan inactivos. Como también pasa que si no hacemos penitencia por nuestros precados perdonados y tenemos la dicha de estar entre las benditas almas del Purgatorio para algún día llegar a la felicidad eterna, la penitencia que sufrimos es 10 veces mayor que la que debíamos hacer en este mundo. Como Dios es Misericordioso y nos da todas las oportunidades, así también es Justo.
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Recuerden que hay que esforzarse mucho para llegar al Cielo. Lean vidas de Santos y traten de imitar a los que más les lleguen al corazón. Sobre todo: obedezcan en todo a Nuestra Señora de las Rosas, María Auxilio de las madres. Mensajes: www.tldm.org/Spanish/messages/messages.htm  
y directrices (resúmenes por tema):  www.tldm.org/Spanish/directives/directives.htm

Copien y guarden los Mensaje y Directrices para tener una mejor versión de la que van a tener en el futuro ya que tldm y la página oficial han reducido las cosas a casi la mitad y han cambiado muchas cosas. En el blog traduje: Occulations desde el Cielo y Conversaciones de Verónica con Jesús)
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Recuerden cómo termina esta parábola: Porque muchos son los llamados, mas pocos los elegidos.

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Nuestra Señora de las Rosas nos dice que debemos enseñar a todos esta oración:
“Jesús, dadnos en la luz, en Tu infinito conocimiento, el poder, a través de la luz, de entender la tarea que yace delante para todos nosotros quienes deseamos ser salvos.”
Es una mejor traducción de la que aparece en www.tldm.org/Spanish/messages/messages.htm, en el mensaje del 11 de febrero de 1971

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